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5 Mayo, 2022

Momento de acabar con sesgos

Martín Mejía del Carpio

Director General

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Como muchas personas de mi generación, me tocó crecer en una sociedad conservadora y machista de la que no fui tan consciente, pues veía como algo cotidiano y normal diversos sesgos respecto al rol y a la capacidad de la mujer. En los últimos años, esta falta de equidad y de justicia ha sido uno de los temas sobre los cuales hemos tomado mayor conciencia, y si bien se ha avanzado, ha sido a pasos muy lentos en diversos escenarios, uno de ellos, el profesional.

Si tuviera que hacer un breve paréntesis para comentar mi experiencia, recuerdo que, en mi paso por la universidad, los prejuicios y limitaciones estaban presentes desde el momento en que los estudiantes elegían la carrera: era poco usual encontrarte con mujeres cursando carreras como la de ingeniería, ellas optaban generalmente por profesiones que requerían habilidades consideradas “blandas”, por ejemplo, ciencias de la comunicación.

Ya en mi etapa laboral, escuchar frases como “no puede haber mujeres en ternas para un cargo como este” o “si contratas a una mujer, más adelante saldrá embarazada y se ausentará por meses”, eran una constante en diversas empresas. Asimismo, era común apreciar en distintas organizaciones un prejuicio en los gerentes: si el gerente era hombre, ya tenían preconcebido qué puestos eran para las mujeres, y qué puestos, para los hombres. Incluso, he escuchado a mujeres en posiciones gerenciales decir que determinados puestos son mejores para un hombre.

Lamentablemente, este tipo de situaciones reflejan un problema que no solamente existen en nuestro país, también las encontramos en nuestra región. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en Latinoamérica existe una segregación ocupacional, que ha llevado a que la presencia femenina predomine en las áreas consideradas “blandas”. Así, las mujeres representan el 64% del total de empleados en Recursos Humanos, el 63% en Comunicaciones y Relaciones Públicas y el 53% en Responsabilidad Social. Mientras que, por el contrario, en áreas consideradas “duras” como Comercio Exterior, Operaciones e Informática, las mujeres representan menos del 35% de los empleados.

Sin embargo, también he conocido situaciones en las que la diferencia de género no ha prevalecido y los resultados a nivel corporativo han sido espectaculares. He tenido el privilegio de participar en empresas, en las cuales la conformación del directorio era mayoritariamente femenina, destacando el nivel de participación, profesionalismo e involucramiento de mujeres en dichas reuniones.

En nuestro país, aún tenemos un largo camino por recorrer, pero a la velocidad que vamos, a nuestras organizaciones les llevará muchos años acabar con esta brecha de desigualdad, por lo que es importante acelerar el paso y adoptar un compromiso genuino con el cambio.

En el sector empresarial, esta aceleración debe empezar por los líderes, quienes deben tomar acciones concretas para cerrar esta brecha, como pueden ser, tener una política de diversidad e inclusión que promueva un ambiente laboral y una cultura empresarial que garantice la igualdad de oportunidades, generar procesos de postulación en donde las ternas sean evaluadas por un comité de selección paritario o tener juntas directivas paritarias que ayuden a dejar de lado sesgos que han afectado durante décadas el crecimiento profesional de las mujeres y, por lo tanto, de la sociedad. En sociedades como la Europea, ya existen normas que obligan a las empresas a que sus comités gerenciales tengan paridad de género.

En el sector académico, tanto las universidades como las escuelas de posgrado tienen la oportunidad de motivar a más mujeres a estudiar profesiones consideradas solo para hombres, o a prepararse con grados académicos que apunten a ocupar cargos directivos. Existen casas de estudio que ya han empezado, pero necesitamos que este cambio sea mucho más amplio y se descentralice.

Lograr una sociedad más justa y libre de sesgos nos permitirá ofrecer igualdad de oportunidades para las mujeres. Si bien no es una tarea fácil, se puede lograr una vez que entendamos que todo camino hacia un futuro sostenible requiere de igualdad de oportunidades y de la diversidad de talentos para todos.

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