25 Mayo, 2020

Bienaventuranzas

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Esta es la historia del padre Omar y todo el equipo de la Asociación de las Bienaventuranzas, quienes cumplen la noble misión de dar una vida digna a personas con habilidades especiales que quedaron en total abandono.

Con espíritu de ayuda y mucho empeño no hay imposibles. La Asociación de las Bienaventuranzas acoge a diferentes personas de todas las edades que no tienen a dónde ir y que, en su mayoría, fueron abandonadas por sus propios familiares. Muchos niños, niñas, jóvenes y ancianos llegan permanentemente a este hogar en busca de protección.

El padre Omar Sánchez Portillo atiende el teléfono, y sin conocer a la persona que está del otro lado, acepta las preguntas y comienza la conversación. La primera impresión que uno tiene de él es que es un hombre humilde y es que cuando se le agradece por la gran labor que viene realizando, él responde: “No soy solo yo, es todo el equipo que trabaja conmigo”.

Escucharlo es convencerse de que todo lo que ha hecho en su vida es parte de la misión con la que vino a este mundo. Él jamás soñó con ser sacerdote, quería ser abogado, tener muchos hijos y viajar por el mundo, pero poco a poco, la realidad que iba conociendo lo llevó a descubrir su vocación. Cuenta que su primera idea fue hacer una casa de rehabilitación para jóvenes con problemas de drogadicción; sin embargo, ocurrió un suceso que cambió todo su plan.

“Yo pensé que lo que podíamos hacer por la comunidad y por el mundo era poner un centro de rehabilitación para chicos en drogas, ese fue el proyecto original que tuve.  Cuando empezamos a ver qué hacer y cómo hacerlo, me llama una monja del norte del Perú y me dice que habían encontrado a un adulto de 35 años aproximadamente, tirado en la basura del mercado, este hombre tenía una habilidad diferente llamada trastorno del desarrollo intelectual, lo que antes se conocía como retardo mental severo, además de una parálisis de medio cuerpo y epilepsia. Cuando esta religiosa se comunicó con nosotros y nos preguntó si conocíamos en Lima algún lugar donde internarlo porque nadie lo quería recibir, supe que era una señal”.

“Le preguntamos a Dios qué hacer pues hasta ese momento, yo tenía mi proyecto personal que era el centro de rehabilitación, pero entendí que Dios tenía una idea diferente: Acoger a este hombre sin pensar mucho en lo que vendría después. Yo no recibí a este muchacho “Luchito” pensando que haría un hogar para personas con habilidades especiales, abandonados o para gente de la calle, simplemente le abrí los brazos”. Hoy en día son 247 residentes en su asociación y seguirán llegando aún más.

La tercera impresión que deja el padre Omar es la de ser un hombre agradecido. Comentó cómo era la administración antes de que Cálidda llegara al Hogar de las Bienaventuranzas, el alto costo mensual al cocinar para tantas personas con otro combustible y el no tener el servicio continuo, eran algunos de los problemas.

“El gasto el combustible cada mes era bastante y nosotros necesitamos ahorrar. Nos aventuramos a llamar a un amigo que nos pasó un contacto de Cálidda, los llamamos, les contamos el caso y respondieron de inmediato. Inicialmente nos pusieron 3 suministros: uno para la cocina, otro para la lavandería y el último para el comedor popular, y hace poco terminaron de instalar el cuarto suministro. De los cuatro, dos han sido instalados gratuitamente, ¡no nos han costado nada!, el del comedor popular y el que instalaron recién, que además incluyó la donación de unos calentadores de agua a Gas Natural”. Contar con agua caliente para bañarse de manera permanente es un privilegio que no todos tenemos, y como dice el padre, esto es darle a los residentes una señal de que son importantes.

Cuenta el padre que en estos 5 años, con el uso del Gas Natural la asociación pudo ahorrar un 30% mensual en gastos de energía. Ese ahorro ha permitido mejorar la calidad y cantidad de las comidas. Él está seguro que van a seguir llegando personas a su hogar y siempre debe buscar diversas formas de ahorrar.

La historia del Padre Omar y de la Asociación es conocida por los colaboradores y colaboradoras de Cálidda y es tanto el valor que le dan a su trabajo, que durante las semanas de cuarentena por el Coronavirus, se organizaron con sus familias y donaron a la asociación más de 3,600 canastas de víveres. La conciencia social de la familia Cálidda siempre está presente para colaborar con acciones como esta, que brindan calidad de vida a los más vulnerables.

Finalmente, le pedimos al padre que nos deje un mensaje para todos los jóvenes de hoy y lo que nos dio son tres consejos: el primero es que sean activos en la búsqueda de la verdad y la felicidad, el segundo, que aprendan a valorar lo que tienen alrededor, y el último, que sean valientes para hacer un cambio en la sociedad.

Si quieren ayudar a la Asociación de las Bienaventuranzas, búsquenlos en Facebook como Asociación de las Bienaventuranzas o escriban un Whatsapp al 948 863 642.

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