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7 Diciembre, 2021

La energía del futuro

Javier Perla

Director de Negocios Sostenibles

Tiempo de lectura icon-watch-read 00:01:30

Todo se mueve con velocidad y a veces no somos tan conscientes de ello. Observa a un caracol que se desplaza, distráete un momento y experimentaras esto con más claridad. El caracol probablemente esté fuera de tu vista en algunos instantes. Voló. Cambia al lento caracol por el teléfono celular: cada vez más rápido, con más memoria, con más capacidad, con nuevas aplicaciones. Hace pensar en un camino sin fin, como tratar de llegar al horizonte, para pararte sobre él.

Lo que si puede tener fin es la capacidad del planeta de generar recursos que permitan satisfacer las demandas humanas. Para ponerlo en perspectiva, en 1962, mientras creaban el primer teléfono a teclas (antes todos eran de disco) y los Beatles grababan en Londres su éxito “Love Me Do”, vivíamos en un planeta con 3,100 millones de habitantes. Hoy día, según los datos del Banco Mundial, somos más de 7,700 millones de personas que buscan una casa para vivir, comida, ropa, que se transportan y con aspiraciones a mejorar su vida y la de sus descendientes. En menos de 60 años hemos duplicado la población mundial y tenemos proyecciones estimadas de alcanzar los 8,500 millones en 2030, 9,700 millones en 2050 y 11,200 millones en 2100.

Esas “muchas” personas del futuro, entre otras cosas, requerirán energía: La energía del futuro.

Como la afirma el Banco Mundial “La energía es un elemento central del desarrollo. Sin ella, las comunidades viven en la oscuridad, los servicios esenciales como los establecimientos médicos y educativos se ven seriamente afectados, y las empresas operan bajo graves limitaciones. La energía hace posibles las inversiones, la innovación y las nuevas industrias que son los motores de la creación de empleo y del crecimiento para economías enteras”.

A la vez, tenemos información sólida sobre el estado del clima. Según el último informe del IPCC (Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) Cambio Climático 2021: Bases físicas la situación es bastante complicada. Según este informe, las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de las actividades humanas son responsables de un aumento de la temperatura de 1,1 °C desde 1850-1900 aproximadamente, y se prevé que la temperatura mundial durante los próximos 20 años pueda llegar a alcanzar un calentamiento de 1,5 °C. El informe Especial del IPCC, presentado el 2018, mostró los principales impactos que podrían evitarse con la limitación del calentamiento global a 1.5°C en vez de 2°C, haciendo hincapié en las trayectorias disponibles para su logro. Ya estábamos advertidos, pero aún nos queda pendiente cambiar al futuro.

Hay una relación entre el consumo de energía y el cambio climático, ya que alrededor de 2/3 de las emisiones totales de gases de efecto invernadero (que generan el cambio climático) son debidas al CO2 emitido en la quema de combustibles fósiles y en procesos industriales.

“Una empresa que quiere abordar el desafío de sostenibilidad (existir ahora y existir en el futuro, con prosperidad para todos) tiene que incluir en sus indicadores de desempeño (tal cual como sus estados contables) sus emisiones de GEI”

Entonces, si nos proyectamos a tener un mundo superpoblado, donde queremos que las personas tengan capacidad para transitar la ruta al desarrollo y a la vez no queremos destruirlo, tenemos que pensar profundamente cómo imaginamos la energía del futuro.

No tengo dudas de que esta información es de utilidad para todos los seres humanos, pero sobre todo para las empresas. Ellas deberán preguntarse (si quieren asumir su cuota de responsabilidad): ¿Cómo estoy? y ¿Qué puedo hacer?

Una forma bastante práctica y concreta para resolver estas incógnitas es realizar una Huella de Carbono o inventario de gases efecto invernadero o GEI. La Huella de Carbono es “la contabilidad de la totalidad de GEI emitidos por efecto directo o indirecto de un individuo, organización, evento o producto” (Carbon Trust, 2007). Esto genera una muy buena foto de la situación actual y brinda insumos para analizar cómo reducirla.

Así como nadie medianamente responsable de su salud pasaría mucho tiempo sin consultar su peso en la balanza, una empresa que quiere abordar el desafío de sostenibilidad (existir ahora y existir en el futuro, con prosperidad para todos) tiene que incluir en sus indicadores de desempeño (tal cual como sus estados contables) sus emisiones de GEI.

Luego de la medición de la Huella de Carbono, hay que evaluar cómo reducirla. Usando la misma metáfora, no vamos al gimnasio para pesarnos solamente. El peso es un indicador, pero nuestro objetivo es mejorarlo. La forma cómo se mejora (o reduce la Huella de Carbono) dependerá de muchas variables: la naturaleza de la empresa, el lugar donde opera, la capacidad de innovación, el apetito de riesgo, el deseo de aprovechar las oportunidades de la nueva economía baja en carbono, etc.

En el marco de una investigación que se realizó, evaluando escenarios para Perú con Gas Natural versus uno sin gas, se obtuvieron valiosas conclusiones de lo que implica una reducción de emisiones y sus múltiples beneficios. La construcción de escenarios nos permite comparar la realidad con un escenario hipotético, de tal forma que facilita evaluar la diferencia de los impactos ambientales entre ambos. Para este caso, se comparó 2 escenarios: (1) Escenario real (con gas natural): se cuantifican las emisiones generadas debido al consumo de gas natural en cada sector y (2) Escenario sin gas natural: se cuantifican las emisiones que hubieran sido generadas en un escenario con el mismo nivel de actividad pero que utiliza fuentes de energía diferentes a la del gas natural. El estudio demostró que hubo una reducción de emisiones de GEI y contaminantes en todos los sectores evaluados: generación eléctrica, transporte, industrias, comercios y residencial. En el caso de emisiones de GEI, los sectores de electricidad e industrial fueron los que más contribuyeron a la reducción de emisiones. Para el caso de emisión de contaminantes, los sectores de mayor reducción fueron el de generación de electricidad y transporte. Cabe resaltar que la significancia del sector electricidad está correlacionado al volumen de gas consumido en dicho sector. Al analizar los beneficios por unidad de volumen de gas natural consumido, el sector industrial representa los mayores beneficios en términos de GEI y el sector transporte presenta los mayores beneficios en términos de calidad de aire y salud pública.

Adicionalmente, las emisiones de contaminantes evitadas debido al uso del gas natural tienen un efecto positivo en la salud pública disminuyendo las muertes prematuras y los casos de morbilidad, y permiten generar ahorros económicos de gastos en salud.

Existen algunos lugares donde es más fácil migrar de diésel a renovables, como dando un gran “salto de rana”. En otros hay una serie de barreras y condiciones (tecnológicas, de precios, de mercado, de disponibilidad de recursos, legales, etc) que no lo hacen tan viable. Un informe del BID nos indica que para el Perú alcanzar la carbono- neutralidad al 2050 nos puede traer beneficios netos de  US$140.000 millones. En resumen, bueno para el planeta, bueno para la economía.

Finalmente, creo que hay un par de hipótesis que cada vez están siendo menos populares. La primera está relacionada a la capacidad del planeta y la idea de que podemos usarlo y nunca se va a terminar. Es evidente, para los que creemos en la ciencia y en los estudios técnicos, que el planeta tiene una capacidad para generar recursos y si los sobreexplotamos corremos riesgo. La segunda es que siendo más sostenibles, somos menos eficientes. Lo eficiente, desde mi perspectiva, es ser más sostenibles. Podemos reducir la Huella de Carbono y a la vez generar ahorros, podemos diseñar la energía para el futuro y crear nuevas empresas, nuevas oportunidades de negocios, nuevos servicios.

La invitación a este nuevo mundo: más justo, más sostenible, más equitativo, más saludable, más próspero es para todos. Tal vez es un mundo más utópico, pero creo que si no elevamos nuestro deseo y lo transformamos en acción climática concreta, mucho de lo que ahora nos preocupa tal vez no tenga mucho sentido.

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